La tierra escupe perros ¿Dónde te hospedas? En largas caminatas y lluvias de ranas; y las ranas no sudan ni sonríen. En el fin de la cuenta atrás del microondas; un minuto - modo “descongelar”. En alguna terraza sin barandilla ni hamaca. En la pizarra de los tejados de Bisecas. Los pies me arrugaron, y el ceño se frunció en costuras de doble hilo. Hacía tiempo que la tierra se escupía perros. Mientras una araña trataba de subir torpemente por las ligaduras del alma, cada beso me hacía un partío de luces oscuras. La visión amarilleaba y las circunstancias rendían homenaje repetitivo, sin darse descanso alguno, al puto mal genio. Hierbamala. - ¡Hierbabuena! – tono caprichoso y en falsete. Oxídate y conviértete en arte. Una máxima a seguir para llegar al vómito sarcástico. A vuelapluma un consejo: déjate llevar por la ortografía. Piensa en vertical. La tierra ya no traga, ahora escupe en estribillo. Rincones que no existían, aparecen. Sin capa ni sombrero los transité todos, sin dar despecho a ninguno. Últimamente cuando llueve solo hay paraguas. Parece que Mara y Amaya resurgen, disfrazadas en lanzada. ¡Solo oigo mugidos, bramidos, graznidos!¡Suspiros! El reino animal se cierra en una indiscriminación furtiva. ¡Tendrán valor! ¿Dónde queda la explicación? La vida ha tomado cierto cariz erótico- festivo… Los hinchables del pasado se han marchado al futuro, aplastando cualquier perspectiva. ¿Animadversión? Hace tiempo que la tierra escupe perros. Antes los tragaba. Los engullía, con comprensión, y por su puesto se enorgullecía. Ahora la tierra ya no traga, solo escupe.
Texto: Alejandra Gil García
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