Los Lumière terapeutas del siglo XIX.

Si el año de un estudiante pudiera representarse como el espectro visible por el hombre, mayo sería el color rojo, y finales de mayo el infrarrojo. Entendiéndose este color como el aviso de peligro inminente, mayo es conocido por ser la antesala de los exámenes finales y los trabajos de última hora. El estrés flota en el ambiente, y la tensión se puede cortar. Las horas de sueño se aprovechan para no dormir, y los desórdenes alimenticios se convierten algo curioso que comentar en el descanso para el café. Pero lo peor de todo es que no queda tiempo ni para acercarse al cine a ver una buena película, ni siquiera la cuarta de Indiana Jones.

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Sin embargo, existen algunas películas que, aunque no esté demostrado científicamente, podrían recomendarse en las farmacias como sustitutivas de los calmantes, por su efecto curativo y beneficioso para la salud. Es una teoría que ya conocían los realizadores del calendario de Fotogramas, pues en el de este año han representado cada mes con una fotografía de la película que recomiendan ver en el periodo indicado para sacarte una sonrisa hasta en el peor de los momentos. Pues bien, los chicos de Fotogramas han elegido representar a mayo con Gene Kelly y Debbie Reynolds en Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen, 1952).

Curiosamente, fue esta misma película la que se emitió en mi cineclub predilecto, y pude averiguar que esa teoría no demostrada científicamente es real. La entrada en el cine fue la misma con la que hubiéramos entrado a un funeral, como si cargáramos una losa de piedra sobre la espalda que nos obligara a caminar cabizbajos. Sin embargo, y gracias a la magia del cine, la salida fue radicalmente distinta. La alegría de Don Lockwood traspasó la pantalla, atravesó nuestros cuerpos y cambió nuestro humor como si de un milagro se tratara. Es por esto por lo que estoy enamorado del cine, por sus usos terapéuticos, por ser algo más que un arte, por ser un modo de vida, porque consigue lo difícil y logra lo imposible.

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Ahora que se ha celebrado más de un siglo de la primera proyección de cine en España, sólo queda darles las gracias a los hermanos Lumière por ayudarme a atravesar mejor los meses de mayo y junio. La pregunta es si las películas que aterrizan ahora en la cartelera tienen, o tendrán, el mismo poder que tiene, y tuvo, Cantando bajo la lluvia. Supongo que habrá que dejarlas envejecer, y ver qué tal las tratan los años.

Adrián Gómez